
El problema con la miel
¿Se considera a la miel un alimento vegano? La respuesta breve es no. Para comprender la razón de esto, tendremos que analizar qué es la miel y cómo se produce.
La miel es un líquido dorado o ambarino que los humanos usan principalmente como edulcorante; aunque también se usa en la elaboración de cosméticos, medicamentos y bebidas alcohólicas. Las abejas elaboran esta sustancia viscosa a partir del néctar que recogen de las flores. La miel es parte de la nutrición de las abejas.
Todo comienza con las plantas. Las plantas y los insectos mantienen una relación colaborativa. El aspecto más importante de esta colaboración quizá sea cómo los insectos contribuyen a la reproducción de las plantas. Lo hacen a través de la polinización. Muchas plantas atraen insectos voladores hacia sus flores ya que allí producen una secreción dulce llamada néctar, que contiene azúcares, vitaminas y otros compuestos nutritivos. El néctar les sirve como fuente de alimento de alta energía a muchos insectos, como las abejas. Además de néctar, las flores también producen polen; una sustancia granulosa que también sirve de alimento a las abejas y cuya función es fertilizar el ovario de las flores. (Aunque el néctar es una fuente vital de energía para las abejas, el polen les aporta proteínas esenciales para el desarrollo sus crías.Las colonias de abejas son colectivos en los que existe un equilibrio perfecto y en los que cada abeja desempeña un trabajo específico. La colonia tiene una “reina”, que es la abeja adulta dominante y madre de todas las abejas de la colmena. Las “obreras” son las abejas hembra infértiles y las encargadas de recolectar el néctar y el polen. Por último están los “zánganos”: las abejas macho cuyo única función es aparearse con la reina. A diferencia de las obreras, los zánganos no tienen aguijón por lo que no son capaces de defender la colmena.
Mientras recolectan néctar, partículas de polen se adhieren al cuerpo de las abejas, quienes luego lo transportan hasta el ovario de la flor de otra planta; contribuyendo así a su ciclo reproductivo. Además de usar el néctar para atraer a los insectos, las plantas evolucionaron gradualmente hasta producir colores vistosos, y algunas incluso desarrollaron aromas y olores. Las flores polinizadas por abejas y moscas despiden un aroma dulce, mientras que las polinizadas por escarabajos despiden olores mohosos o acres.
Las abejas succionan el néctar y lo almacenan en el estómago. Cuando tienen hambre, las abejas consumen el néctar que necesitan y llevan el resto a la colmena, donde otras abejas lo convierten en miel. Para ello, lo van pasando de boca a boca de una abeja a otra hasta que el contenido de humedad se ha reducido de un 70 a un 20 por ciento. Cuando está lista, la miel se almacena en celdas de la colmena (el panal) y se sella con cera de abeja y se reserva para alimentar a las crías y para alimentarse en el invierno. Las obreras preparan un “pan de abeja” con la miel y el polen, el cual sirve como fuente principal de alimento para la colonia e incluso se usa para alimentar a las crías.[1]
Así es como la naturaleza quiso que las abejas vivieran y prosperaran. Sin embargo, la producción industrial de miel es una historia completamente distinta. Tan solo en los Estados Unidos, la miel representa una industria de cerca de $10 mil millones, por lo que las compañías que envasan y venden miel tienen un enorme interés comercial en proteger esta actividad.[2]
La amarga realidad.



Examinemos más de cerca algunas de las inquietantes realidades de la industria melífera.
Se alimenta a las abejas con piensos artificiales. Como ya hemos señalado, la miel y el polen son la fuente de alimento de las abejas. Dado que la mayoría de los apicultores procura ganar dinero de la venta de la miel, alimentan a sus abejas con un pienso; que por lo general es un jarabe de azúcar o con un alto contenido de fructuosa.[5] Se ha determinado que estos piensos artificiales dañan el sistema inmune de las abejas y les provocan cambios genéticos, lo que contribuye a debilitar sus defensas naturales ante los pesticidas.[6, 7] De hecho, se ha encontrado un nexo entre la práctica de alimentar a las abejas con jarabes con alto contenido de fructuosa de maíz y el colapso de las colmenas en todo el mundo, ya que dichos sustitutos no contienen la enzima que les ayuda a las abejas a neutralizar las toxinas.[8] Por lo tanto, la miel no solo es el alimento que la naturaleza creó para las abejas sino que tiene propiedades protectoras vitales que les ayudan a sobrevivir.
Inseminación artificial de las abejas. En la naturaleza, la abeja reina elige entre 10 y 20 zánganos con los que se aparea, copulando con ellos durante el vuelo. En la industria melífera se extrae semen de zánganos maduros que han sido capturados y enjaulados. Tras haber elegido a los zánganos, se les tritura la cabeza, se les oprime el abdomen y se recolecta su semen con una jeringa. [9, 10] Seguidamente, se inmoviliza a la reina en una celda, donde se le aplica dióxido de carbono para sedarla y luego se le inyecta el semen de cerca de 10 zánganos.[11, 12]. Este procedimiento tiene el objetivo de garantizar que las granjas apícolas usen el mejor “material genético”.
Una compañía que se especializa en la venta de reinas hace alarde de su negocio: “Podemos entregar pedidos de reinas reproductoras inseminadas de acuerdo con sus especificaciones”.[13]
Se mata intencionalmente a las abejas. Las abejas no solo mueren a causa de un sistema inmune debilitado o se las mata durante el proceso de inseminación artificial. Existen otras maneras de matar a las abejas explotadas por su miel. Por ejemplo, las colmenas son propensas a enfermedades, por lo que muchos apicultores sencillamente queman vivas a las abejas en sus colmenas para eliminar a toda la población de la colonia.[14] (Los textos de apicultura literalmente recomiendan la “eutanasia” de las abejas prendiéndoles fuego).[15] Por otro lado, los apicultores que no desean incurrir en el gasto de mantener las colmenas durante el invierno, sofocan las colonias con gas de cianuro de calcio.[16]
Se mata accidentalmente a las abejas. Se sabe que durante el proceso de remoción del panal y de los componentes de la colmenas, como los marcos, los apicultores matan abejas obreras, larvas (o crías) e incluso a la reina. [17, 18] Para los apicultores, esto es solo parte del negocio. Según expresó un apicultor: “Siempre mato crías durante el manejo integrado de plagas ”. “En primavera y verano decapito la mitad de las celdas con crías de zángano y las sacudo para sacar los cuerpos”.[19]
Se les cortan las alas a las abejas reina. Cuando la reina envejece, la colonia produce una nueva para reponerla. Llegado ese momento, la reina vieja se aleja volando para comenzar una nueva colonia y se lleva a las abejas con ella. Para evitar la formación de estos “enjambres”, los apicultores suelen cortarle las alas a la reina, lo que le impide permanentemente abandonar la colmena.[20] Sin embargo, muchos apicultores afirman que cortarle las alas a la reina no evita que las abejas formen enjambres.
Una situación complicada.
Y entonces, ¿por qué hay tantas personas que se consideran veganas y siguen consumiendo miel? Tal vez sea porque piensan que las abejas no son animales o porque no saben de dónde proviene la miel. Algunos creen que la miel es un subproducto natural derivado de la polinización de los cultivos. Y hay otros que creen que evitar consumir miel es algo que solo los veganos “extremos” hacen.
A esos veganos tal vez les sorprenda saber que a veces se usan animales en pruebas de laboratorio para determinar cómo la miel afecta sus niveles de testosterona. También se han provocado quemaduras a perros en el laboratorio para averiguar si la miel ayuda a sanar las heridas o se han usado conejos a los que se les infligen laceraciones en la piel para luego evaluar las propiedades curativas de tres tipos de miel. Y como estos, hay muchos otros ejemplos.[21, 22, 23]
La inteligencia de las abejas.
Aunque la inteligencia no debería usarse jamás como criterio para no dañar o explotar a alguien, tal vez sí nos ayude a comprender mejor a las abejas y a darnos cuenta de que los zánganos y las obreras no son simplemente unos “autómatas” cuya función es hacer miel de por vida. De hecho, lo que impulsa a las abejas a producir miel es la necesidad de planificar y prepararse para los meses invernales cuando no habrá ni néctar ni polen disponibles. Las abejas también muestran una noción básica del concepto numérico de “cero”; lo que evidencia una función cerebral elevada que se pensaba que solo los humanos ostentaban.[24] Asimismo, las abejas sienten emociones que guardan como recuerdos.[25] Los científicos han documentado el uso de herramientas entre las abejas: en Vietnam se observó a abejas melíferas usar heces de animales para defenderse de un ataque de avispones.[26] También se ha observado que las abejas son capaces de aprender tareas que les enseñan sus compañeras e incluso de mejorar lo que han aprendido. Un biólogo expresó lo siguiente: “Estas son criaturas sumamente inteligentes. Usan las neuronas de su cerebro de forma tan eficaz como cualquier otro animal del planeta”.[27]



Y no debemos pasar por alto la gran importancia de las abejas para nuestro planeta. ¿Le gustan las flores? Dele las gracias a las abejas por polinizar las plantas. ¿Le gusta consumir frutas, nueces y verduras; como almendras, espárragos, aguacates, brócoli, cerezas, cítricos, arándanos, pepinos, melones y frijol de soya? Sí; agradezca de nuevo a las abejas. De hecho, cerca de un tercio de todos los alimentos que consumimos derivan de cultivos polinizados por las abejas.[28] Los animales silvestres también se benefician de la polinización que realizan las abejas. Las abejas incluso son parcialmente responsables de la propagación de los árboles terrestres que producen el oxígeno que respiramos y absorben CO2. Así que muéstreles algo de aprecio.
Una observación final para tener en cuenta: Una abeja obrera vive cerca de un mes y produce apenas la doceava parte de una cucharadita de miel durante toda su vida [29]. Esto significa que cada cucharadita de miel que se pone en una taza de té representa una vida entera de trabajo de 12 abejas. ¿Por qué robarles el fruto de su arduo trabajo cuando contamos con otras opciones?
Lo que usted puede hacer
- ¡Sea amable con las abejas! Use productos alternativos a la miel, como los jarabes de arce (maple), agave o dátiles, o prepare la suya propia con nuestra receta clásica de miel vegana y receta de miel picante vegana. También existen muchas mieles veganas deliciosas ya disponibles en el mercado.
- Siembre un jardín que atraiga a las abejas: Si cuenta con suficiente espacio exterior donde vive, siembre un jardín que atraiga a las abejas y contribuya así al bienestar de estas trabajadoras esenciales (y también al de los zánganos y las reinas).

