
LOS TRABAJADORES DE LA AGRICULTURA ANIMAL
La agricultura animal da empleo a cientos de miles de trabajadores en los Estados Unidos.[1] Esta industria ha sido definida en gran medida por el modelo de la cría intensiva en el que miles de millones de animales terrestres se crían y matan todos los años para el consumo humano. Sin embargo, incluso las granjas de cría de menor escala usan muchos de los mismos métodos empleados por las granjas de cría intensiva. Los trabajadores de la agricultura animal están expuestos constantemente a gran variedad de gases peligrosos y materia particulada, y también sufren de lesiones por esfuerzo repetitivo. Los problemas de salud que se derivan de esto han sido bien documentados e incluyen dolores y malestares crónicos, trastornos respiratorios, complicaciones cardiovasculares y la muerte prematura.[2] Cerca del 7% de los trabajadores de la industria de la explotación de animales en los Estados Unidos informó haber sufrido lesiones o enfermedades, y en 2018 al menos 161 trabajadores murieron a causa de las condiciones laborales peligrosas.[3] Las explotaciones de animales ponen en riesgo la salud de sus trabajadores a sabiendas, con el fin de maximizar sus ganancias y así cumplir con los rígidos contratos a los que las sujetan sus socios corporativos.
¿Quiénes son estos trabajadores?

Un gran porcentaje de los trabajadores de la agricultura animal son personas de comunidades minoritarias entre las que hay muchos trabajadores migrantes provenientes de México y de otros países de América Latina. La mayoría de estos trabajadores se emplean a tiempo completo y se han reubicado en comunidades rurales en las que predomina ese tipo de explotaciones. Se emplean adicionalmente miles de trabajadores temporales que se traen anualmente a través del programa gubernamental de visas H-2A para trabajadores agrícolas temporales.[4]
Un porcentaje desconocido de trabajadores a tiempo completo y a tiempo parcial son indocumentados. A los empleadores les resulta ideal contratar a trabajadores indocumentados porque es menos probable que estos se quejen de los bajos salarios y de las condiciones de trabajo peligrosas.
Los trabajadores ignoran en gran medida los peligros para su salud y las dificultades sociales a los que se enfrentarán en esta industria. Las diferencias de lengua y cultura que encuentran en sus nuevas comunidades a menudo les causan una sensación de aislamiento.
El tipo de trabajo
Los trabajos que se desempeñan en las granjas de cría intensiva varían ampliamente dependiendo del animal que se críe, de la fase de “producción” y del puesto que ocupe el trabajador. Si bien existen tareas que se realizan mediante maquinaria automatizada, tales como suplir agua y alimentos a los animales, se recurre a los trabajadores manuales para desempeñar una variedad de labores cruciales.
Las “granjas reproductoras o de incubación” son instalaciones dedicadas exclusivamente a la reproducción masiva de animales. Los trabajadores de las “granjas reproductoras” de cerdos se encargan de administrarles antibióticos, cortarles los colmillos, marcarles las orejas, recortarles parcialmente la cola y castrar a los machos,*todo lo cual hacen sin anestesia.[5, 6] En las “granjas incubadoras” se reproduce a las gallinas destinadas a las granjas de producción de huevos. Entre las tareas asignadas a los obreros de estas granjas están determinar el sexo de los pollitos y matar a todos los machos, recortar la punta del pico de las hembras y colocarlas en las jaulas en las que son transportadas a las «granjas de crecimiento”.
Los «criaderos” son cobertizos o corrales en los que se mantiene temporalmente a los animales antes de transportarlos a las granjas de “engorde” o de “terminación”.
Los animales criados para carne pasan la mayor parte de su breve existencia en las granjas de “engorde” o “terminación”. Dependiendo del tipo de animal y del cargo que ocupe el trabajador, este tendrá la responsabilidad de vigilar el buen funcionamiento de los comederos y bebederos automatizados, identificar y tratar o matar a los animales enfermos, lesionados o debilitados, sacar de sus jaulas o encierros a los animales muertos o moribundos, reunir y cargar en los vehículos a los animales que serán llevados a los mataderos, limpiar los establos y estabular al siguiente grupo de animales.
Las tareas cotidianas las llevan a cabo los trabajadores a tiempo completo, sin embargo, durante los periodos de máxima actividad es preciso recurrir a mano de obra temporal suplida por los contratistas de trabajadores agrícolas. Debido a que las ganancias de la compañía dependen de que todas las etapas de la “producción” se realicen con suma eficiencia, se espera que los trabajadores desempeñen sus tareas a un ritmo que a menudo pone en riesgo su salud mental y física y causa gran sufrimiento a los animales no humanos.
Riesgos para la salud y la seguridad
Los trabajadores de la agricultura animal están expuestos regularmente a la inhalación de materia particulada y gases, como el amoniaco y el sulfuro de hidrógeno, en concentraciones peligrosas.[7] Cada uno de estos componentes es capaz de causar graves problemas a la salud por sí mismo; sin embargo, el mayor peligro se encuentra en su efecto conjunto.[1, 8]
La materia particulada inhalable comúnmente se define como las partículas en suspensión que pueden penetrar en los pulmones durante la respiración normal. Son muchas las fuentes que dan origen a dichas partículas en las granjas de explotación de animales, tales como material fecal y piensos secos, caspa y células epidérmicas de los animales, plumas, hongos, suelo seco y endotoxinas bacterianas. [2, 7] El hecho de que entre 50 y 70% de los trabajadores de las granjas porcinas en confinamiento sufren uno o más síntomas de irritación o enfermedad respiratoria pone en evidencia la prevalencia de estas condiciones.[1, 9]
Las concentraciones de la materia particulada inhalable aumentan notablemente durante los periodos de actividad máxima, como cuando se mueve a un gran número de animales de un área a otra, se reúne y carga a los animales en vehículos para el transporte a los mataderos y cuando se limpian los establos. La consecuencia de esto es que los trabajadores sufren trastornos respiratorios crónicos, exacerbación del asma, complicaciones cardiovasculares y la muerte prematura.[2]
Los resultados de un estudio mostraron que cerca de la mitad de los trabajadores de las granjas porcinas alberga bacterias peligrosas en la nariz cuando regresan a casa después del trabajo. Las bacterias resistentes a los medicamentos pueden permanecer en el organismo de un trabajador hasta cuatro días y existe la posibilidad de que se transmitan a otras personas, como las familias de los trabajadores.[10, 11]
El amonio es un gas que se produce debido a las grandes acumulaciones de orina y estiércol en las granjas de cría intensiva. En un estudio se determinó que dos gallineros de Kentucky emitieron 10 toneladas de amonio en un año.[7] Con la venia sistemática de la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA, por sus siglas en inglés) esta industria antepone sus ganancias a los intereses de los trabajadores. OSHA permite niveles de amonio de hasta 50 partes por millón (ppm) en los sitios de trabajo; niveles que causan rápidamente irritación en los ojos la nariz y la garganta, así como tos y constricción bronquial.[12, 13] La exposición continua al amonio también provoca daños a los cilios de la garganta, lo que le posibilita al material particulado inhalado llegar a lo más profundo del tracto respiratorio.[2]
El sulfuro de hidrógeno es un gas que se genera principalmente a partir del estiércol líquido. La exposición repetida a bajas concentraciones de sulfuro de hidrógeno puede causar síntomas como resequedad de la piel, irritación de los ojos, náusea, baja presión sanguínea, dolores de cabeza y tos crónica.[14]
El estiércol líquido se almacena en grandes volúmenes bajo los pisos enrejados de los establos o en fosas al aire libre, a las que se denomina con el eufemismo de “lagunas de estiércol”. Muchos trabajadores que han ingresado en dichas lagunas para realizar labores de mantenimiento han sufrido asfixia instantánea al inhalar el sulfuro de hidrógeno que allí se genera. Al quedar inconscientes, esos trabajadores se ahogan rápidamente en el estiércol líquido. Estos fatales incidentes por lo general afectan también a otros trabajadores que intentan rescatar a sus compañeros. Tal fue el caso de la lechería Aguiar-Faria & Sons en el condado de Merced, California. Un día por la tarde, Enrique Araiza intentaba una tarde despejar una bomba obstruída en una laguna de estiércol cuando perdió la conciencia afectado por los gases y cayó boca abajo sobre el estiércol. José Alatorre, su compañero de trabajo, ingresó a la laguna para intentar rescatarlo pero también cayó asfixiado por los gases. Ambos hombres fallecieron de forma trágica. Enrique Araiza tenía 29 años y José Alatorre tenía 24.[15]
En 2016, dos trabajadores murieron en lagunas de estiércol en granjas lecheras de Idaho. Alberto Navarro Muñoz había estado trabajando en una granja por tan solo dos semanas cuando el tractor que conducía se volcó en una laguna de estiércol. A principios de este año, Ruperto Vázquez-Carrera cayó con su camión en una laguna de estiércol después de que el agua de un deshielo inundara la zona e hiciera que la laguna fuera indistinguible del camino. OSHA solo impuso multas de cerca de $5,000 a las granjas involucradas en estas muertes.[16]
En 2018 hubo 46 muertes en granjas lecheras que empleaban a más de 11 trabajadores.[17] La mayoría de las granjas con menos de 11 trabajadores no está obligada a informar de tales incidentes. [16, 18]
Muchos trabajadores también padecen dolores musculares crónicos debido al carácter repetitivo de sus labores. Los trabajadores que, por ejemplo, sacan a los pollos de las jaulas en batería, repiten los mismos movimientos una y otra vez durante jornadas laborales que se extienden generalmente por 12 horas.
En 2012, un grupo de trabajadores inmigrantes empleados en una granja de cría intensiva presentó una serie de quejas contra su empleador: Anogla Pork, LLC. Los trabajadores contaron con la asesoría de Ia organización Iowa Citizens for Community Involvement (Iowa CCI, por sus siglas en inglés) para presentar denuncias por racismo, xenofobia, riesgos de seguridad y crueldad contra los animales en el lugar de trabajo.[19]
Los trabajadores inmigrantes, mayoritariamente mexicanos y hondureños, describieron las experiencias de discriminación que sufrieron en la granja de cría intensiva. Los supervisores de estos trabajadores constantemente les gritaban y trataban de forma hostil por hablar en español. Mientras a sus contrapartes blancos nacidos en los Estados Unidos se les permitía tomar tiempo para el almuerzo, beber agua o irse de vacaciones, a los trabajadores inmigrantes se les negaban estos derechos.[20]
Melissa Márquez, una trabajadora de Anogla Pork y miembro de Iowa CCI expresó lo siguiente: “ chasqueaban los dedos y me decían obscenidades si pedía un descanso para beber agua cuando hacía un calor de 110 grados ”.[19]
Henry Reyes, otro trabajador y miembro de Iowa CCI dijo lo siguiente: “A veces veía cerdos enfermos en los comederos e infestados con larvas en las patas”. Otros trabajadores recordaron haber visto a los supervisores lastimar y maltratar a los cerdos.[19]
Calidad de Vida
Al igual que los demás trabajadores del sector agropecuario, los trabajadores de la agricultura animal luchan por evitar los riesgos laborales y por ganar un salario justo. El trabajo que realizan les acarrea una gran variedad de problemas crónicas de la salud que se extienden más allá de lo que duran sus jornadas laborales. Es común que los médicos les recomienden a los trabajadores que renuncien a su trabajo, sin embargo, la mayoría de ellos no se sienten capacitados para realizar otras labores.[1]
Ante la necesidad de aportar el sustento para sus familias, la mayoría de ellos opta por seguir trabajando bajo condiciones que conllevan serios riesgos para su salud en el corto y el largo plazo. El hecho de que estos trabajadores deban poner en riesgo su salud física para lograr la seguridad financiera representa un dedo acusador que apunta hacia los valores que mueven a esta industria así como a las prioridades de las agencias laborales estatales y federales.
Nuestra responsabilidad
La agricultura animal es una industria inherentemente peligrosa que explota tanto a los trabajadores como a los animales no humanos.
La mayoría de los consumidores no es consciente de que casi el 99% de los animales criados para el consumo en los Estados Unidos se proviene de granjas de cría intensiva.[21] El ideal en el que esta industria sustenta sus operaciones es el de lograr los mayores niveles de producción con la máxima eficiencia posibles sin importar las consecuencias para las condiciones laborales o el sufrimiento de los animales. Estos trabajadores se exponen todos los días a gran cantidad de riesgos laborales conocidos, tanto en granjas pequeñas como grandes, y se les exige someter a los animales a mutilaciones sistemáticas al llevar a cabo tareas como la castración, el recorte de diente y colas, el marcaje de las orejas y el despicado de las aves, así como matar a aquellos animales que estén débiles o moribundos.
La ineficacia y la abierta complacencia de las agencias reguladoras estatales y federales le han permitido a esta industria explotar a sus trabajadores con poco o ningún riesgo de sufrir sanciones, y no se avistan cambios significativos a esta situación en el futuro.
Lo que usted puede hacer
- Opte por un estilo de vida vegano: Si puede conseguir alimentos saludables, opte por una alimentación vegana. En vista de que no nos es necesario consumir productos de origen animal para mantenernos saludables, adoptar una dieta vegana es una manera eficaz de evitar contribuir al sufrimiento que padecen tanto los trabajadores como los animales en la agricultura animal. F.E.P. es consciente de que los trabajadores de la industria agrícola también son víctimas de abusos. Infórmese más sobre este tema aquí.
- Exprese su opinión: Comuníquese con las organizaciones animalistas que realizan investigaciones sobre las granjas de explotación de animales para que no apoyen el arresto o la condena de los trabajadores de la agricultura animal o de los trabajadores de los mataderos. Los videos encubiertos a menudo solo muestran una parte de la historia: el sufrimiento de los animales no humanos. Se debe denunciar a la industria de la carne por lo que realmente es: una industria ávida de ganancias y explotadora en todos los sentidos, tanto para los animales humanos como no humanos.
*Nota: Usamos los términos “macho” y “hembra” ya que estas son las palabras de las que disponemos en este momento para describir la forma en que la industria explota a los animales no humanos de acuerdo con el sexo que se les asigna. Reconocemos que tanto los animales humanos como los no humanos no encajan en un sistema binario compuesto de solo dos sexos biológicos.
Página actualizada en enero de 2022

