
Los organismos modificados genéticamente (GMO, por sus siglas en inglés) son plantas y animales creados en los laboratorios al insertar genes de una especie en la secuencia de ADN de otra especie, lo que da origen a una nueva forma de vida que jamás había existido y que expresa características particulares, como ser adecuada para usos agrícolas, presentar una mayor capacidad de retención de agua o de crecer más rápidamente con menos alimentos. La nanotecnología es otra herramienta que se utiliza cada vez más para crear nuevos alimentos y nuevos empaques para envolverlos. Lo que esta tecnología hace es descomponer la materia en nanopartículas microscópicas de tan solo unos pocos átomos de grosor y luego las “programa” para que lleven a cabo funciones específicas. Se ha utilizado y se ha propuesto una amplia variedad de aplicaciones de la nanotecnología en la producción de alimentos, lo que abarca desde el empaquetado de estos (P. ej., sellar los alimentos al vacío) al sabor (P. ej., imitar el sabor y la textura de alimentos familiares). Aunque estas dos tecnologías se han utilizado en la producción de alimentos durante décadas, especialmente en los Estados Unidos, no se ha probado que ninguna de ellas sea segura, y ambas representan un riesgo para el ambiente, los trabajadores y los consumidores.
Una perspectiva general sobre los GMO
El proceso de creación de los GMO guarda semejanzas con las milenarias técnicas de mejoramiento genético selectivo que los seres humanos hemos empleado desde el surgimiento de la agricultura moderna para domesticar plantas y animales salvajes. Es decir; ambos métodos se centran en la “adecuación” de los organismos vivientes para fines agrícolas. Sin embargo, existe una gran diferencia entre ambas tecnologías: En tanto que el mejoramiento genético selectivo se limita estrictamente al intercambio de genes entre especies estrechamente relacionadas, los ingenieros genéticos modifican a los organismos mediante la combinación de genes de especies totalmente distintas, e incluso llegan a combinar el ADN de plantas y animales. El ejemplo más conocido de lo anterior es el del infame tomate “Flavr Savr”, el cual se creó al introducir un gen modificado de la platija ártica (un pez) en el ADN de una planta para conferirle resistencia al congelamiento. La Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) autorizó la venta de este producto en 1994, pero en 1997 fue sacado del mercado por lo exiguo de sus ventas.[1]



Tras haber logrado saturar el mercado estadounidense con organismos modificados genéticamente, las poderosas compañías de biotecnología están abocadas a desplazar a los agricultores tradicionales en todo el mundo con el fin de consolidar su control económico sobre el abastecimiento mundial de alimentos. La tecnología GM ha llegado incluso a infiltrarse en la producción de alimentos no modificados genéticamente, lo cual ha perjudicado a los productores, tanto desde el punto de vista agrícola como económico. Esto sucede cuando el viento o los insectos acarrean polen de los cultivos modificados genéticamente hasta fincas vecinas localizadas a gran distancia, donde germina entre los cultivos convencionales. Esto representa un problema, especialmente para los agricultores orgánicos, ya que sus cultivos pierden la certificación como productos orgánicos al contaminarse con organismos modificados genéticamente.[8] —Monsanto, una de las mayores compañías biotecnológicas, ha llegado a demandar a agricultores orgánicos cuyas fincas se contaminaron con polen proveniente de plantas que esta compañía patentó.[9] Monsanto patentó las semillas “Terminator” que se pueden sembrar una única vez, lo que obliga a los agricultores a comprar nueva semillas todos los años en vez de guardarlas de las cosechas anteriores.[10] En 1999 Monsanto anunció su intención de descontinuar la venta de las semillas “Terminator” como respuesta a la indignación generalizada que estas despertaron entre el público. En la actualidad dichas semillas no se encuentran a la venta.[11] A pesar de lo anterior, las compañías biotecnológicas continúan patentando este tipo de tecnología restrictiva del uso genético, y es posible que decidan comercializarla. Este sistema en el que se conceden licencias para cultivar plantas consideradas como propiedad intelectual protegida por derechos de marca registrada, pone en aprietos a muchos países, especialmente a aquellos en vías de desarrollo: Si adoptan las técnicas para producir cultivos modificados genéticamente, sus agricultores enfrentarán estos problemas y se volverán dependientes de la compañías biotecnológicas que suplen la tecnología; si no lo hacen, se enfrentarán a una fiera competencia con los países que sí las han adoptado para colocar sus productos en el mercado internacional.[12]
En vista de que los cultivos modificados genéticamente se pueden patentar en los Estados Unidos, grandes compañías como Monsanto tienen la capacidad legal de restringir la realización de investigaciones científicas independientes sobre sus semillas, lo que hace casi imposible que una entidad independiente pueda verificar las afirmaciones de estas compañías. Los productores de semillas sostienen que los cultivos modificados genéticamente son superiores a los cultivos tradicionales.[13]
Las anteriores son solo algunas de las razones por las que la Unión Europea mantuvo una prolongada prohibición al cultivo e importación de alimentos modificados genéticamente. Sin embargo, las compañías de alimentos de los Estados Unidos hicieron presión ante la Organización Mundial del Comercio, la cual dictaminó que la prohibición de esta tecnología en el espacio económico europeo constituía una violación a una cláusula de comercio internacional, con lo cual tuvieron éxito en lograr que la Unión Europea pusiera fin a esta moratoria sobre los cultivos modificados genéticamente.[14] De forma semejante, en 2009 México eliminó una prohibición vigente durante 11 años al cultivo de maíz modificado genéticamente con el fin de competir con los agricultores estadounidenses. Dado el hecho de que el maíz se originó en México y de que su cultivo está aún revestido de una profunda importancia cultural en este país, los agricultores tradicionales temen que esta nueva variedad se puede cruzar con las numerosas variedades nativas mexicanas, lo que puede alterar su ADN de forma permanente.[15]
Y mientras que los cultivos modificados genéticamente ganan cada vez más terreno en el sector agrícola, el gobierno de los Estados Unidos aún no ha aprobado la venta para el consumo humano de carne, productos lácteos y huevos provenientes de animales transgénicos.[16] Sin embargo, varias compañías ya le han solicitado a la FDA que autorice la venta de la carne de sus organismos experimentales. Algunos ejemplos de esto son:
- El “Enviropig”: Un cerdo de la raza Yorkshire en cuyos cromosomas se ha insertado ADN de un ratón, por lo que el contenido de fósforo en sus excrementos es de un 30 a un 65 por ciento inferior.[17]
- El salmón “AquaAdvantage”: Es un salmón atlántico en cuyo ADN se han insertado genes del salmón Chinook y de la faneca oceánica, los que promueven un crecimiento acelerado y permiten que este pez alcance el peso de mercado en la mitad del tiempo en que lo haría un salmón normal.[18]
Si la FDA llega a dar su aprobación para que los animales modificados genéticamente se puedan producir comercialmente, no exigirá a las compañías que utilicen etiquetas distintas a las que ya usan para la carne, los productos lácteos y los huevos actualmente al alcance de los consumidores.[19] Y encima de esto, sigue sin regularse el bienestar de los animales modificados genéticamente debido a que la Ley de Bienestar Animal, que no se hace cumplir debidamente, no protege a los animales que se usan en la agricultura o en la investigación agrícola. Por lo tanto, es común que los animales transgénicos destinados a la producción agrícola sufran tasas elevadas de defectos congénitos, discapacidades y muerte prematura como consecuencia de la manipulación experimental de su ADN.[20]
A pesar de que la clonación de animales (P. ej., crear copias genéticas de animales particulares) ocasiona problemas físicos similares, la FDA declaró oficialmente en 2008 que la carne, los productos lácteos y los huevos derivados de animales clonados eran seguros para el consumo humano.[21]
Los efectos ambientales de los organismos modificados genéticamente
A continuación se comentan algunos de los efectos, tanto aquellos documentados como los potenciales, que los organismos modificados genéticamente tienen sobre el ambiente:
Flujo génico: El polen de los organismos modificados genéticamente puede desplazarse en el aire y mezclarse con el ADN de otras plantas y dar origen a especies híbridas. Esto sucedió en Dakota del Norte en 2010 cuando se descubrió una colza genéticamente modificada que crecía de forma silvestre y que expresaba un rasgo genético que le confería resistencia a los herbicidas; un rasgo que no existía anteriormente ni en el entorno agrícola ni en la naturaleza.[22]
Especies invasoras: Los animales modificados genéticamente también pueden escapar a la naturaleza en donde podrían tener ventajas competitivas sobre la fauna nativa y llegar a desplazarla de su hábitat y del acceso a recursos (P. ej., peces modificados genéticamente diseñados para crecer más rápido o alcanzar mayor tamaño del que normalmente alcanzarían). Los animales modificados genéticamente podrían incluso llegar a cruzarse con las especies silvestres, lo cual cambiaría irreversiblemente su código genético y diezmaría a sus poblaciones durante este proceso.[23]
Uso excesivo de agroquímicos: Se utilizan más productos agroquímicos (P.ej., herbicidas e insecticidas) en la producción de organismos modificados genéticamente que en la producción de cultivos convencionales porque muchos de dichos cultivos modificados genéticamente fueron diseñados deliberadamente para expresar una elevada resistencia a estos compuestos tóxicos.[24] Algunos cultivos modificados genéticamente incluso producen sus propios pesticidas.[25] Estas innovaciones sin precedentes han llevado a la evolución espontánea de las “supermalezas” resistentes a los herbicidas[26] y de las “superplagas”[27] a las que solo es posible eliminar utilizando cantidades mayores de agroquímicos tóxicos.[28]
Los efectos de los organismos modificados genéticamente sobre los trabajadores agrícolas
La producción de cultivos modificados genéticamente está asociada con una mayor dependencia en el uso de agroquímicos, lo cual expone a los trabajadores agrícolas a mayores cantidades de compuestos tóxicos, con el consiguiente riesgo para su salud. También se han presentado casos en los que algunas personas que trabajan o viven cerca de las fincas donde se producen cultivos modificados genéticamente han sufrido de alergias y malestar tras tocar o inhalar el polen de dichos cultivos.[29] Comunidades agrícolas enteras también sufren un impacto dramático cuando las grandes compañías comienzan a cultivar organismos modificados genéticamente. Por ejemplo, cientos de familias suramericanas que cultivaron la tierra durante generaciones han tenido que emigrar a los centros urbanos ya que no pueden competir con las grandes empresas agrícolas que cultivan organismos modificados genéticamente. Algunos entre aquellos que protestaron por la pérdida de su forma de subsistencia perdieron la vida en manos de escuadrones paramilitares.[30]
Los efectos de los organismos modificados genéticamente sobre los consumidores
Aún se desconocen los riesgos para la salud derivados del consumo de organismos modificados genéticamente ya que no se han realizado estudios exhaustivos de largo plazo en este sentido. Aun así, los expertos señalan a las reacciones alérgicas como uno de los motivos de preocupación más serios. Por ejemplo, las personas con alergias severas a las nueces no tienen forma de saber si los alimentos modificados genéticamente contienen ADN de nueces. Las nuevas combinaciones de genes presentes en los organismos modificados genéticamente podrían también inducir reacciones alérgicas que no se habían manifestado antes. Otros motivos de preocupación en relación con el consumo de organismos modificados genéticamente incluyen nuevos tipos de trastornos gastrointestinales (causados por desequilibrios de la flora intestinal) y la resistencia a los antibióticos.[31]
Una perspectiva general sobre los nanoalimentos



Los efectos ambientales de la nanotecnología
Uno de los problemas ecológicos asociados con la nanotecnología es que ciertos tipos de materia que son estables en una escala macro, pueden volverse volátiles a nivel micro. Por ejemplo, las propiedades antimicrobianas de las nanopartículas pueden interrumpir las señales entre las bacterias y las plantas hospederas y transmitir contaminantes, lo cual puede poner en peligro a ecosistemas completos.[35] Se ha demostrado mediante investigaciones que las nanopartículas de plata que se utilizan en el empaquetado de alimentos pueden interferir con la replicación del ADN del organismo.[36] Las nanopartículas son tan pequeñas que el tratamiento de aguas residuales no puede filtrarlas cuando acaban en los drenajes, de modo que llegan hasta los ecosistemas acuáticos en los que, según se ha encontrado en las investigaciones, pueden causar la muerte y mutaciones a los embriones de los peces[37]
En 2008, científicos gubernamentales adscritos al Concejo Nacional de Investigaciones dieron a conocer un informe en el que denunciaban que la FDA, la Agencia para la Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), y otras agencias federales responsables de regular la nanotecnología, no cuentan con un plan adecuado para determinar si esta representa un peligro para el ambiente y la salud humana.[38] Destaca el hecho de que al igual que los primeros proveedores de organismos modificados genéticamente afirmaban que sus avances tecnológicos permitirían aumentar la producción de alimentos y al mismo tiempo disminuir la contaminación, los defensores de la nanotecnología insisten en que sus métodos permitirán la producción de alimentos y otros productos de forma más eficiente y limpia al conservar los recursos naturales. Sin embargo, sus críticos señalan que para producir la nanotecnología se necesitan cantidades enormes de agua, energía y compuestos tóxicos.[39] Resulta claro que quienes hacen grandes fortunas con los organismos modificados genéticamente y con los nanoalimentos, tienen incentivos económicos muy fuertes para resaltar los aspectos positivos de sus tecnologías en tanto restan importancia a sus peligros.
Los efectos de la nanotecnología sobre los trabajadores
Algunas de las nanopartículas que se utilizan en la producción de alimentos son tan pequeñas que se pueden absorber a través de la piel, lo que representa una amenaza potencial para la salud de los trabajadores que están expuestos de forma regular a estos materiales. Una investigación demostró que, bajo condiciones controladas de laboratorio, las nanopartículas de óxido de zinc son tóxicas para las células pulmonares humanas, incluso a concentraciones muy bajas.[40] Las personas que trabajan con nanopartículas inhalan estos microvenenos de forma regular.
Los efectos de la nanotecnología sobre los consumidores
En otras investigaciones se ha demostrado que al ingerirlas, las nanopartículas pueden penetrar las membranas celulares y la barrera hematoencefálica, y provocar daños al ADN y cáncer, así como enfermedad cardiaca y cerebral.[41] El cuerpo humano es incapaz de descomponer algunas de las nanopartículas que se utilizan en los productos alimentarios, como la nanoplata y la sílice, por lo que estas tienen el potencial de acumularse y causar enfermedades.[42] A pesar de estos peligros, la vasta mayoría de las nanopartículas que se utilizan en la producción de alimentos no han sido sometidas a pruebas de seguridad por la FDA o cualquier otra de las agencias reguladoras del gobierno.[43]
Lo que usted puede hacer para ayuda
Adquiera alimentos veganos orgánicos y de esta forma evite consumir organismos modificados genéticamente. También puede consultar la Guía para el consumidor sobre productos que no contienen ingredientes GMO del Centro de Seguridad Alimentaria donde podrá encontrar marcas de alimentos que no contienen ingredientes modificados genéticamente (Se puede descargar fácilmente como una aplicación para SmartPhone).*
Por desgracia, la normativa gubernamental sobre la producción orgánica no prohíbe en la actualidad el uso de nanopartículas, lo cual hace difícil excluir por completo a estos materiales de nuestra dieta. Un recurso que puede resultar útil es el Inventario de Productos de Consumo crecopilado por el Proyecto sobre Nanotecnologías Emergentes. Esta base de datos enumera “más de 1000 productos de consumo disponibles en el mercado que sus fabricantes han identificado como producidos con el uso de la nanotecnología”.*
La amplia presencia de organismos modificados genéticamente y de nanopartículas en los alimentos hace aún más evidente la importancia de que usted exprese su preocupación sobre este tema y apremie a los funcionarios públicos electos a que aprueben leyes que exijan la obligatoriedad de etiquetar todos los alimentos que contengan ingredientes modificados genéticamente y nanopartículas, de modo de los consumidores puedan tomar decisiones plenamente informados sobre lo que van a adquirir y a consumir.
Usted también puede animar al Congreso para que apruebe leyes que obliguen a las grandes empresas agroindustriales a pagar compensaciones cuando sus métodos de producción y sus productos causen daños ambientales o provoquen enfermedades entre los trabajadores y los consumidores.
*Tenga en cuenta que aunque en Food Empowerment Project ofrecemos enlaces a las páginas Web de otras organizaciones, eso no significa que avalemos todo el contenido de dichas páginas Web o los fines de tales organizaciones.

