
Piense en los insectos y las lombrices
En un estudio realizado en 2013 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sobre el reto de crear seguridad
alimentaria de manera ambientalmente sustentable se concluyó que la solución se encontraba en
el consumo de insectos y lombrices en vez del consumo de plantas.[1] La idea no es nueva: cerca de 2 mil millones de personas complementan su dieta con insectos y lombrices; especialmente en África, Asia y América Latina, donde estos representan una de las fuentes de proteína de más
fácil acceso.[2] Actualmente se crían y matan trillones de insectos para servir de alimento. A
dichos insectos se los somete a muchos de los mismos tratos crueles a los que se somete a los
pollos, cerdos, vacas y otros animales de cría; tales como hacinamiento, nutrición deficiente y
métodos de sacrificio crueles, como congelarlos, irradiarlos con microondas o triturarlos cuando
aún están vivos.[3] [4]

¿Qué son los insectos y las lombrices?



Los insectos y las lombrices son animales invertebrados; es decir, no tienen ni columna vertebral
ni un esqueleto óseo, al igual que el 97 por ciento de todos los animales.[9] Los insectos
pertenecen al filo (categoría taxonómica) Artrópoda. Los artrópodos tienen exoesqueletos
protectores (una cubierta externa dura) y patas articuladas. Hasta el momento se han identificado más de un millón de especies distintas de insectos, lo cual los convierte en el grupo de animales más abundante del mundo. Los insectos viven en casi todos los hábitats y han existido por más
de 350 millones de años.[10] Los insectos tienen tres pares de patas, un cuerpo segmentado en tres
partes (cabeza, tórax y abdomen), dos antenas y por lo general uno o dos pares de alas. También
tienen ojos y órganos bucales adaptados específicamente a sus hábitos alimentarios.[11]
Aunque resulte tentador suponer que los insectos son organismos simples, sus sentidos a menudo
son mucho más complejos que los nuestros. Por ejemplo, algunas polillas tienen un tipo de oído
en el abdomen que les permite detectar las ondas de ecolocalización que usan los murciélagos
para cazarlas. Algunas mariposas pueden sentir sabores con las patas y así saber si la planta en la
que se posaron es segura para que sus orugas las consuman.[12] Los moscas no solo son capaces de
oler a través de las antenas sino también de usar el movimiento de los olores para orientarse.
[13] Muchos insectos, como las abejas[14] y las mariposas[15]son capaces de percibir la luz
ultravioleta (invisible para los seres humanos) y de usar esta capacidad para encontrar flores con
néctar. Las abejas, las hormigas y las termitas son capaces de detectar niveles altos de dióxido de
carbono en sus nidos y de emprender acciones para remediarlos. Las abejas, por ejemplo,
comienzan a batir las alas para generar una corriente de aire fresco dentro de la colmena. Las
hormigas y terminas, por otro lado, modifican sus nidos para mejorar la ventilación.[16] En 2025,
unos científicos dieron a conocer que la diminuta polilla Bogong es capaz de volar 620 millas
guiándose por las estrellas; una proeza que hasta entonces se creía que solo los humanos y las
aves migratorias podían lograr.[17] En resumen, los insectos son criaturas verdaderamente sorprendentes.
En cuanto a qué son capaces de sentir, entre más aprendemos sobre los insectos, más nos damos
cuenta de que sí sienten dolor. En un artículo publicado en la revista Scientific America, el
zoólogo Lars Chittka, que se dedica a estudiar las capacidades cognitivas en los animales, señaló que los insectos no solo sienten dolor sino que también son capaces de crear recuerdos duraderos
sobre las circunstancias en las que sufrieron daño. También indicó que los insectos pueden sentir
gozo, optimismo e incluso cierta forma de trastorno de estrés postraumático. Algunos insectos incluso usan el alcohol presente en frutos fermentados para automedicarse. “¿Por qué los insectos consumirían sustancias que alteran la mente si no tienen una mente que alterar” añade el autor.[18] Investigadores que estudiaban un trastorno depresivo severo indujeron un estado similar a la depresión en moscas y luego les administraron litio, un antidepresivo para humanos, para
aliviarlo.[19]



Las lombrices son algo más complicadas. Hay muchos tipos de animales conocidos comúnmente
como “lombrices”. Sin embargo, las lombrices se clasifican en un filo completamente distinto
del de los insectos y presentan una gran variedad de tamaños, complejidad, eficiencia y
estructura corporal. Las lombrices por lo general son organismos alargados y delgados que se
mueven con eficacia sin tener patas. Los platelmintos (filo Platyhelminthes) son los que tienen la
menor complejidad en el plano corporal; en tanto que los nemátodos (filo Nematoda) son
ligeramente más complejos. Los anélidos o lombrices segmentadas (filo Annelida), como las
lombrices de tierra, son los más complejos; tienen un cuerpo dividido en secciones llamadas
segmentos y albergan muchos órganos internos que se repiten en cada segmento.[20]
La piel es el principal órgano sensorial de las lombrices. Es muy sensible a la luz, al tacto, a la
humedad y a la temperatura. Sin bien no tienen oídos, las lombrices también son capaces de “oír”
el sonido en el aire a ciertas frecuencias dado que la piel hace las funciones de tímpano.[21] En una
reflexión en la que se maravillaba de la capacidad de las lombrices para comer y digerir distintos
materiales y formar suelo, el naturalista y geólogo Charles Darwin escribió: “Podría dudarse que
haya otros animales que hayan desempeñado un papel tan importante en la historia del mundo
como el de estas criaturas tan simples”.[22]
Algunos investigadores han descubierto que las
lombrices también sienten dolor y que han desarrollado un sistema químico para protegerse a sí
mismas; un sistema similar al encontrado en seres humanos. También descubrieron que las
lombrices producen encefalinas y betaendorfinas; dos sustancias químicas que actúan como
opioides en el cerebro humano de forma similar a la morfina. Los investigadores consideran que
la producción de estas sustancias químicas observada en animales les ayuda a tolerar el dolor.[23] Si una lombriz produce sustancias químicas que aplacan el dolor, lo lógico es pensar que lo
hacen porque son capaces de sentir dolor.
Sin embargo, no todos los investigadores concuerdan en que los insectos y las lombrices sientan
dolor. Según señalaron los autores de un estudio realizado en 2023 bajo el título “¿Ha llegado el
momento de que los investigadores de insectos tomen en cuenta su bienestar”: “Es difícil
identificar el dolor en animales no humanos porque es posible que no se produzcan reacciones
simples de retroceso y otros comportamientos en respuesta a sensaciones desagradables”.[24] Una
de las señales que los investigadores buscan al determinar si un organismo es capaz de sentir
dolor es la presencia de nociceptores. Estas son neuronas especializadas que detectan estímulos
térmicos, mecánicos y químicos nocivos y responden a ellos.[25]La nocicepción por lo general
induce respuestas reflejas, tales como alejarse automáticamente de una estufa caliente al tocarla.
Se han encontrado nociceptores en insectos y lombrices,[26]pero al margen de que estos sientan o no dolor, al menos de la manera subjetiva como lo sienten los seres humanos, estas criaturas merecen la misma consideración que el resto de los animales.
La cría industrial de insectos y lombrices



De acuerdo con una proyección, se espera que la cría de insectos como fuente de proteína a nivel
global (mucho más extendida que la cría de lombrices) aumente a una tasa de crecimiento anual
compuesta de 16 por ciento, pasando de 1.17 mil millones de USD a 4.46 mil millones de USD
entre 2025 y 2034.[27] (Lo anterior incluye el uso de insectos tanto para piensos animales como
para consumo humano). En contraste con lo anterior, se proyecta que el crecimiento de la
industria mundial de la carne alcance solo el 8.2 por ciento durante el mismo periodo.[28]
Al tomar en cuenta la resistencia de la mayoría de los consumidores del norte global a consumir
insectos,[29] resulta razonable preguntarse por qué la cría de insectos se está volviendo tan
popular. Una razón para ello es que, como se mencionó antes, las culturas de otras partes del
mundo tienen una larga tradición de consumo de insectos. Otra razón es que los grupos
ambientalistas señalan que la cría industrial de insectos es una práctica sustentable dado que
tiene un menor impacto ambiental que la industria de la carne.
Sin embargo, un equipo de investigadores de Inglaterra, Francia y los Estados Unidos examinó
recientemente con más detalle la cría industrial de insectos y descubrió que gran parte de la
investigación académica sobre esta industria está desactualizada o es engañosa. En el artículo
publicado en 2025 bajo el título “Insectos en el sistema: La lógica de la investigación sobre la
cría industrial de insectos está sesgada por supuestos infundados” los autores expresaron lo
siguiente: “Al hablar sobre la sustentabilidad de la cría industrial de insectos surge una tendencia
notable en la literatura a basarse extensamente en un número reducido de investigaciones
desactualizadas. Aunque tales investigaciones ofrecieron aportaciones fundamentales en el
pasado, la industria de la cría de insectos ha evolucionado hasta un punto en el que dichas
investigaciones yo no pueden considerarse representativas de las condiciones a escala
comercial”.[30]
Para ilustrar tal aseveración, los investigadores citaron un informe de la FAO de 2013 bajo el
título “Insectos comestibles: Perspectivas futuras sobre la seguridad alimentaria y de piensos”, el
cual, según los autores, está plagado de inexactitudes. Entre los problemas que identificaron en
dicho informe de la FAO, los autores señalaron que el documento asume que los insectos
comestibles competirán directamente con la carne convencional cuando es más probable que se
usen como ingredientes de otros alimentos, tales como las barras energéticas, galletas dulces y
saladas, mezclas de proteínas, pasta y pan. La mayoría de estos alimentos ya tienen de por sí un
impacto ambiental mucho más reducido que el de la carne. Asimismo, el informe no aborda el
tema del uso del agua, el cual es sumamente alto en la cría industrial de insectos. Por otro lado, la
evidencia de “sustentabilidad” en el estudio de la FAO se basó en datos extraídos de una
instalación pequeña que producía principalmente insectos vivos o congelados para aves o reptiles
a una escala muy alejada de la de las instalaciones industriales necesarias para criar y matar
insectos para el consumo humano y los piensos animales.



Los investigadores también argumentan que a pesar de la afirmación de algunos ambientalistas
en cuanto a que las granjas de insectos usan principalmente desperdicios de comida para
alimentarlos, la mayoría de las operaciones muestran poco interés en esta opción. Esto tal vez se
debe a la considerable dificultad que representa alimentar insectos con desperdicios de comida a
una escala industrial, lo cual involucra las exigencias de infraestructura, lo elevado de los costos,
los tratamientos de seguridad, la posible competencia con otras industrias (producción de biogás
o de piensos convencionales para animales de cría) por asegurarse los desperdicios de comida.[31]Pareciera que la mayoría de las granjas comerciales de cría de insectos a gran escala usan granos
para alimentarlos, tal como lo hace la mayoría de granjas de cría de vacas, pollos y cerdos a gran
escala.[32]
El Dr. Chittka señaló otro problema con la cría de insectos. Según lo indicó “La mayor
parte de la industria en realidad no pretende sustituir el consumo humano de carne de
vertebrados por insectos”. “Al contrario, la mayoría de los insectos se destina a alimentar a otros
animales criados para consumo humando, como los salmones o los pollos. Es decir, los insectos
criados en granjas se están usando para acelerar, no sustituir, la producción convencional de
ganado”.[33]
Otro estudio centrado en la sustentabilidad de la cría y matanza de insectos para producir piensos
animales descubrió que alimentar animales de cría con larvas de la mosca soldado negra tiene un
efecto sobre el clima hasta 13.5 veces mayor que alimentarlos con harina de soya. El análisis
realizado en 2025 mostró que los piensos producidos con insectos tuvieron un desempeño
inferior en 13 de 16 criterios de impacto ambiental cuando se alimentó a los insectos con pienso
comercial tradicional.[34]
Aunque no tan popular como la cría de insectos (aún no por el momento), la cría de lombrices
con el fin de satisfacer las necesidades mundiales de alimento también ha recibido la atención de investigadores, quienes recomiendan las lombrices como una fuente segura de proteína animal.[35] Asimismo, muchas larvas de insectos se comercializan erróneamente como “lombrices” comestibles. Esto incluye larvas de mariposas, grillos, libélulas, saltamontes y termitas.[36] Incluso el “gusano” que se añade a las botellas de mezcal es la larva de una polilla.
Otros aspectos que deben tomarse en cuenta






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